LAS REFORMAS LIBERALES DE 1884: LA REPÚBLICA NO TIENE NECESIDAD DE SABIOS
“La historia es maestra de la vida y heraldo de la antigüedad.”
La promulgación hace más de 100
años de las llamadas leyes liberales, es sin duda un acontecimiento sin
precedentes que marcó la historia no sólo de Costa Rica sino del mundo entero. Para
comprender bien lo acaecido es necesario: conocer el contexto histórico y
jurídico de las relaciones Iglesia-Estado en que se promulgaron tales leyes,
identificar la naturaleza del liberalismo que inspiró aquellas medidas y saber,
cómo es que se hizo efectivo en Costa Rica.
Es importante indicar que la
independencia eclesial en costa Rica fue mucho más tardía que la civil. Fue
hasta el 28 de febrero de 1850 cuando el Papa Pío IX erigió la Diócesis de San
José, bajo la Presidencia de don Juan Rafael Mora Porras, esta independencia
eclesiástica puede considerarse el complemento de la independencia política que
dio pie a la expansión y consolidación de la Iglesia en Costa Rica, y hubo a
partir de esa entonces más facilidad para erigir parroquias.
En la sucesión de Obispos, según
lo afirma Valverde, fue el de Monseñor Sanabria, “el de más importancia
histórica” porque fue ahí en donde “se estableció el Cabildo, se dieron los
primeros pasos en la fundación y construcción del Seminario, se otorgó el
título de pontificia a la Universidad de Santo Tomás y se ratificó el
Concordato, es decir, el convenio con la Santa Sede que definió el marco legal
de las relaciones entre el Estado y la naciente diócesis. Este documento se
firmó en Roma el 7 de octubre de 1852”. (1998)
Siguiendo a Valverde en este
concordato, “firmado por mutuo consentimiento, quedó establecido el marco legal
de las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Más, con ocasión suya, el
Estado vio la oportunidad de obtener para la Universidad de Santo Tomás, creada
por decreto del 3 de marzo de 1843, el título de Pontificia". Cabe indicar
que esta concesión suponía condiciones fácilmente imaginables, este centro del
saber, debía por sobre todo custodiar y resguardar la doctrina católica. Ostentar ese título exigía ser “un instituto
en el cual la doctrina católica no esté resguardada, en toda la extensión de la
palabra, así en la teoría como en la práctica”, (Valverde 1998) El título de
Pontificia lo obtuvo diez años después de su fundación; estos hechos evidencias
que en los primeros años de diócesis de San José las relaciones entre Iglesia y
Estado fueron bastante buenas.
A la muerte del Monseñor Llorente
y la Lafuente, primer Obispo de San José, la Diócesis quedó vacante durante 10
años, y fue ocupada por Bernardo Augusto Thiel en 1880, quien juró lealtad al
Concordato y acompañó de manera comprometida a la Iglesia de Costa Rica, la
historia lo recuerda como a alguien a quien no se le puede criticar “en
relación con sus actuaciones de índole doctrinal como obispo católico en los
acontecimientos que precedieron y sucedieron al 84”. (Valverde 1998)
En este marco histórico,
acontecieron las reformas liberales.
En este sentido es importante
preguntarse: ¿Qué es el liberalismo? como bien lo resume Monseñor Sanabria,
citado por Valverde “el Estado liberal tuvo como finalidad «...entronizar la
libertad de conciencia, la libertad de cultos, la libertad de pensamiento,
laicizar todas las instituciones aún las más sagradas como el matrimonio y
acostumbrar al ciudadano a ignorar a Dios valiéndose para conseguir su objeto
de la enseñanza laica o neutra»”. El liberalismo propendió por “propugnar la
separación entre el ciudadano privado y el ciudadano estatal”, hecho que era
inaceptable para la doctrina católica que concibe al ser humano como una
totalidad, como “una sola unidad antropológica de cuerpo y espíritu, de
pensamiento y acción” (Valverde 1998). Este principio hizo que la pugna entre
Iglesia y Estado en los países de tradición católica fuera insalvable.
En 1871 triunfó el liberalismo en
Guatemala con Justo Rufino Barrios a la cabeza; este triunfo del liberalismo se
extendió por toda Centroamérica “pues, como bien señala Monseñor Sanabria,
«Barrios desde Guatemala tuvo la preponderancia política sobre el resto de
Centroamérica», y Costa Rica no fue la excepción". Pero su presencia en el
país, entendido en sus formas extremas y anticlericales, según se ha explicado,
no se justifica de suyo, sino, más bien, como un elemento ajeno a la realidad
nacional” (Valverde 1998). Cabe indicar que la realidad costarricense difiere
notablemente de la guatemalteca, por consiguiente, como lo afirma Valverde “el
Liberalismo entendido al modo guatemalteco, que no responde de ninguna manera a
nuestra identidad nacional, no tuvo un lugar de consenso en la Costa Rica de
los años ochenta del siglo pasado. De ahí que Rodrigo Facio haya afirmado que
ese liberalismo anticlerical fue, más bien, una tendencia superficial, adventicia,
de importación, no justificada por la realidad nacional”. (1998)
Aunque el liberalismo en
Guatemala se había instaurado desde 1871, en Costa Rica triunfó, cuando “el
General don Próspero Fernández, cediendo a la presión guatemalteca ejercida a
través de Nicaragua ya la influencia de la masonería, desató una campaña
antirreligiosa. Esta, efectivamente, se inició en 1884 y se prolongó algún
tiempo, cobrando vida en las «reformas liberales» y cuya expresión jurídica fue
las así llamadas «leyes liberales»” (Valverde 1998).
Una vez instaurado el liberalismo
en la nación “la primera medida que se tomó, siguiendo el modelo liberal
guatemalteco, fue la expulsión de Monseñor Thiel y de los Padres Jesuitas. Esta
acción se legalizó mediante el decreto N° 4 del 18 de julio de 1884. Publicado
en La Gaceta del día siguiente, fue precedido de una «Proclama» a los
costarricenses en la cual el General Fernández presentó su justificación de ese
decreto, acusando tanto a los Jesuitas como al obispo de «amenazar trastornar el
orden público», según señala la Cartilla Histórica de Costa Rica” (Valverde
1998).
Es interesante reflexionar la
afirmación que hace Valverde al analizar los acontecimientos 100 años más tarde
y dice: “las acusaciones de que fueron objeto Monseñor Thiel y los padres
Jesuitas no tuvieron respaldo alguno. Más aún, las acciones revolucionarias y
socavadoras del orden, paz y tranquilidad públicos que el gobierno del General
Fernández les atribuyó, carecen de todo sentido no sólo según el autorizado
criterio de prestigiosos historiadores que se han ocupado de esto, sino también
a tenor del mismo contexto histórico en que se desarrollaron tales hechos”
(Valverde 1998).
Con el propósito de conocer cómo
se leen aquellos acontecimientos es oportuno realizar la siguiente lectura y
hacer las propias conclusiones:
http://www.primeraplana.or.cr/es/Historico/El_VIERNES_NEGRO_DE_LOS_CURAS_EN_COSTA_RICA_/
Es oportuno conocer un poco más de lo que fue el movimiento liberal impulsado por Justo Rufino Barrios, que tanto influyo en los movimientos liberales en Costa Rica, es interesante conocer la otra parte de la realidad, esa que no siempre es contada por la historia.


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