CAMBIOS EN LAS CREENCIAS RELIGIOSAS EN COSTA RICA
Es claro
que “durante tres siglos
la Iglesia Católica
garantizó la administración del territorio costarricense, así como la educación de sus residentes y el adiestramiento de sus
cuerpos”. (Fuentes, 2016). Desde esta perspectiva
conceptual, quien escribe el artículo, comparte una investigación a través de
la cual se proponía “identificar los principales cambios dentro de las creencias
religiosas de la población costarricense, relacionados con la
práctica religiosa, la conversión, el abandono o el acercamiento a la creencia
y la búsqueda espiritual, asimismo, explorar la correspondencia entre el acceso a los derechos sexuales
y reproductivos y el surgimiento de un tipo de moral laica;
también trató de determinar el vínculo existente entre la escolaridad, la edad y el género
en su relación con las creencias religiosas”. (Fuentes, 2016)
El artículo que se analiza, basado en un estudio de campo es amplio, denso y muy rico en su contenido, imposible acotarlo, se destaca lo que a criterio de quien escribe, es lo más interesante.
Creencias y prácticas religiosas
Los
resultados de la investigación mostraron una tendencia general a la
reelaboración personal de las creencias religiosas, e incluso indiferencia ante
algunas creencias. En muchos casos, principalmente entre católicos y
evangélicos protestantes los principios se conservan sin cuestionamiento, (Fuentes, 2016) pero no
se asumen en la práctica.
Existe
una pequeña correlación entre un mayor nivel educativo y la pertenencia al
grupo sin religión, pero ningún efecto comprobado en el abandono de las
prácticas religiosas en cualquiera de las afiliaciones identificadas, pues hay
incluso mayores niveles de práctica religiosa en el sector con estudios
universitarios. (Fuentes, 2016)
En relación al género, se puede afirmar, “que quienes se
identifican como mujeres tienen más prácticas religiosas, son mayoría profesando
una fe y sus posiciones tienden a ser más conservadoras en cuanto a política,
moral y sexualidad, que las que se identifican como hombres. Esto demuestra que
las mujeres continúan siendo la piedra angular que sostiene las instituciones religiosas,
tanto en el plano simbólico como en el material, menos dispuestas incluso
aquellas que admiten no tener ninguna afiliación religiosa, a desembarazarse de
la sujeción de género impuesta por los dogmas religiosos”. (Fuentes, 2016)
Las mujeres son más practicantes que los hombres en las
opciones donde se presenta esta alternativa, así como los hombres son
mayoría, en opciones donde se indica una afiliación, pero se asume la
inexistencia de su práctica. Destacan las mujeres católicas practicantes (49.5%)
así como los hombres católicos practicantes (33.7%), pero ambos segmentos
presentan una diferencia de más de 15 puntos porcentuales entre ellos. (Fuentes, 2016)
Por otra parte, la investigación confirma, “que a menor o
nula práctica religiosa, aparece una mayor reelaboración de creencias y
posibilidades de desarrollar una conciencia autónoma, lo cual se refleja en las
opiniones sobre política, laicidad, sexualidad y moral”. (Fuentes, 2016)
La “creencia sin pertenencia” como la denomina Davie
(1993), puede explicar el hecho de que los católicos no practicantes asumidos
como tales, mantengan una fe que puede incluso contradecir algunos postulados
doctrinales que reelaboran, pues también mantienen un distanciamiento hacia el
resto de la comunidad católica, lo cual les permite considerar su adhesión bajo
el rostro de un “Dios común” u “ordinary God”, como lo conceptualiza Davie
(1993), cuyo carácter es doméstico y moldeable a las circunstancias de la vida
común, al presentar una divinidad caracterizada por un tipo de sacralidad
íntima”. (Fuentes, 2016) (pág. 58)
Para católicos practicantes y no practicantes, así como
para evangélicos no practicantes y personas de otra fe cristiana, la religión
se trasmite a través de madres, padres, abuelas y abuelos, para los cristianos
evangélicos es mayoritaria la conversión, así como para otras denominaciones
cristianas. Para una mayoría de aquellos que no tienen ninguna afiliación
religiosa, la respuesta es que no comparten la misma fe con su familia.
En el caso de los cristianos evangélicos la mitad son
personas convertidas, pero el linaje familiar ya es la segunda vía de
transmisión religiosa más importante en el caso del mundo cristiano no
católico, lo cual refleja que los procesos familiares relacionados con la
transmisión de las creencias, han dado un giro importante, en la medida en que
ya no es solo el catolicismo la religión integradora de la comunidad nacional. (Fuentes, 2016)
La conversión, como regla casi general en el estrato de
creencias no cristianas, es producto de crisis que tienen como eje la
insatisfacción con la Iglesia católica como elemento rector de sus valores y
creencias, naturalizado por el linaje familiar y la cultura. (Fuentes, 2016)
Se percibe “una clara distinción entre religión y
espiritualidad, principalmente para quienes no mantienen prácticas religiosas o
han abandonado cualquier afiliación. Esto impulsa el surgimiento de un mercado
religioso producto de un pluralismo aún limitado en cuanto a opciones
religiosas, pero creciente y marcado por la crisis del catolicismo, que lleva
también a algunos creyentes a la creación de mapas de navegación espiritual
propios entre uno y otro grupo religioso”. (Fuentes,
2016)
Por su parte, “la identidad de los sin religión, una
categoría que agrupa tanto a personas ateas como agnósticas, se construye tanto
a través de narrativas que buscan politizar su postura para exigir sus derechos
a la educación laica y al Estado laico”. (Fuentes, 2016)
Podría afirmarse que la “progresiva desritualización de
la práctica considerada sagrada causa problemas en la transmisión de la fe de
madres y padres a sus descendientes, pues el mundo católico practicante, así
como el protestante histórico, se debaten en la idealización de las prácticas
religiosas de los ancestros, intentando frenar la secularización que permea
poco a poco el orden del ritual, principalmente en lo concerniente a las
prácticas de la juventud”. (Fuentes, 2016)
Resulta interesante que, en relación a las prácticas, “la
oración es el único ritual que ocupa todavía un lugar de privilegio en relación
con otras prácticas en claro descenso, como la misa dominical, el culto
semanal, y la participación en grupos pastorales y ministerios cristianos. Sin
embargo, la oración y otras prácticas como la meditación, se inscriben cada vez
más en el espacio de una intimidad que aparentemente carece de una devoción
especialmente sagrada, y en el tiempo y lugar del que cada creyente dispone.
Eso se manifiesta notoriamente a través del uso de dispositivos electrónicos
que despliegan los textos sagrados, una práctica poco apreciada entre los
protestantes históricos, quienes perciben esta experiencia como una
invisibilización del testimonio del convertido, al suplantar la materialidad
del libro sagrado”. (Fuentes, 2016)
Se puede evidenciar
que solo “una minoría de católicos practicantes, cristianos-evangélicos y otras
creencias no cristianas, llevan una práctica virtuosa, es decir, que cumple a
cabalidad con los estándares establecidos por sus respectivas instituciones
religiosas”. (Fuentes, 2016)
Por su
parte, el sector más comprometido con la práctica es el cristiano evangélico, “cuya
jornada diaria se define a través de la oración, pero la música también juega
un papel fundamental durante el servicio. En el sector protestante histórico,
se enfatiza la letra de los himnos religiosos, priorizando el mensaje doctrinal
y las referencias directas al texto bíblico, sobre ritmos musicales
contemporáneos que restan solemnidad al ritual, no obstante, las innovaciones
rítmicas (neo)pentecostales, alteran ese tipo de comunicación tradicional y
conectan lo mundano con lo sagrado, dando cuerpo a la forma musical sobre el
fondo doctrinal. Ambos sectores evangélicos coinciden de forma general en sus
críticas hacia las convulsiones y al vómito santo, propiciados por algunas
iglesias neopentecostales, pero los creyentes (neo)pentecostales sí reivindican
la glosolalia como una manifestación divina”. (Fuentes, 2016)
La
influencia de los líderes religiosos en la vida diaria tiende a ser mayor en el
caso de las mujeres que de los hombres, especialmente para las católicas
practicantes y las cristianas-evangélicas, que conforman el grueso de la
población de cada afiliación. (Fuentes, 2016)
En consecuencia, tanto católicos practicantes (41.7%)
como cristianos evangélicos (34.9%), son, quienes señalan mayoritariamente
mucha influencia de sus líderes religiosos en la vida cotidiana, para la
mayoría de católicos no practicantes, los dirigentes no influyen nada (29.6%),
al igual que para quienes no tienen ninguna afiliación religiosa (58.8%), una
coincidencia bastante elocuente, mientras que para evangélicos no practicantes
la influencia de los dirigentes es media (37.5%). (Fuentes, 2016)
Moral y autonomía sexual y
reproductiva:
En el ámbito moral sexual “la norma religiosa en materia
de sexualidad favorece un patrón cristiano cuyo eje es el mantenimiento de la
familia y de la “vida” para la reconstitución del llamado “orden natural” a
través del matrimonio. Un orden eminentemente patriarcal (re- productivo,
heterosexual y monógamo) que acentúa la división tradicional de los roles de
sexo/género, manteniendo la sujeción de las mujeres, bajo una tutela religiosa
que no acepta cuestionamientos internos”. (Fuentes Belgrave, 2012). (pág. 65)
En
este aspecto, se manifiesta la disidencia institucional de los católicos no
practicantes, que es también una división consensuada, “pues el discurso
conservador tolera la doble moral ya que es independiente de las prácticas
religiosas. Sin embargo, hay atisbos de desarrollo de una moral laica, pese a
que una mayoría contundente de creyentes considere que la religión ha
contribuido a mantener los valores morales de la sociedad”. (Fuentes, 2016, pág. 65)
Los
indicios del desarrollo de una moral laica, se vislumbran en la segunda opción
más mencionada en la encuesta, la cual afirma que la religión solo ha formado
parte de la historia cultural del país. Es posible que esta opinión dentro de
los mayores grupos de creyentes represente un rasgo de una secularización en
marcha, cuyo desarrollo aún es incipiente. Sin embargo, la clave de la doble
moral reside en lo no dicho, en ocultar las prácticas sexuales que transgreden
la norma religiosa y en mantenerlas en la intimidad de la conciencia, aunque no
sean prácticas minoritarias. (Fuentes, 2016, pág. 66)
Desde esta perspectiva, el involucramiento de padres y
madres de familia en la educación para la sexualidad es considerado
indispensable en todos los estratos. (Fuentes,
2016, pág. 67)
El uso de métodos anticonceptivos es aceptado con
reservas tanto por católicos practicantes como por evangélicos-protestantes,
quienes avalan solamente métodos naturales y métodos que no afecten la
implantación del embrión, respectivamente. Los demás estratos religiosos no
muestran ninguna restricción en el uso de este tipo de métodos. (Fuentes, 2016, pág. 67-68)
La gente de
55 y más años, presenta más aprobación al aborto en caso de una menor violada,
mientras que los de 25-34 años son quienes aprueban mayoritariamente el aborto
para una mayor violada. (Fuentes, 2016, pág. 69)
En la Gran Área Metropolitana se encuentran tanto quienes
tienen más prácticas religiosas como los que menos practican. En esta variable
también aparece una mayoría de pocos puntos porcentuales, que aprueba el aborto
en caso de violación a una menor, sobre los que lo reprueban en la misma
variable. Esto se repite si el feto morirá al nacer, así como si la mujer
morirá al parir, un fenómeno que establece una diferencia socio-geográfica que
aparentemente delimita el alcance de la moral religiosa. (Fuentes, 2016, pág. 69)
Por otra parte, la persona homosexual, lesbiana,
bisexual, transexual, transgénero o Inter sexo, que ha sido criada dentro del
catolicismo, se vuelve por defecto no practicante, en la ausencia de un ritual
que le permita integrarse a la comunidad religiosa sin sufrir discriminación.
Esta persona, reelabora sus creencias y eventualmente algunas prácticas, o
renuncia a ellas. El desarrollo de una espiritualidad propia, representa un
mecanismo para romper con el ciclo de culpabilidad establecido a través de los
dictados de la fe e interiorizado por las personas creyentes. (Fuentes, 2016, pág. 69-70)
Entre la mayoría de cristianos evangélicos, se visualiza
la contradicción inherente entre predicar una política de puertas abiertas en
las iglesias a la población sexualmente diversa, y luego apegarse al texto
bíblico para prohibirle la entrada al Reino de los Cielos, lo cual es una
manifestación más de la doble moral imperante entre los creyentes religiosos,
que para los católicos practicantes, que pasa por el deseo de renormativizar la
aparente desviación en el género y en esa medida aceptar a la persona
sexualmente diversa, mientras se abstenga de cualquier práctica sexual. (Fuentes, 2016, pág. 70)
Este estudio también revela que una mayor escolaridad no
es condición para una moral laica, a excepción del caso de los hombres con
estudios universitarios, que se muestran porcentualmente más de acuerdo con las
causales de aborto por malformación incompatible con la vida fuera del útero o
cuando hay peligro de muerte para la mujer al parir. Aunque son las personas
con educación universitaria, quienes más apoyan que las iglesias brinden
educación sobre la diversidad sexual, esto también re- presenta una diferencia
porcentual escasa. Se deduce de ello que el avance en el sistema educativo no
necesariamente seculariza ni las prácticas ni la moral, pues el conservadurismo
cristiano permea todos los niveles, con educación o sin ella. (Fuentes, 2016, pág. 71)
Percepciones
sobre el vínculo entre religión y política
En cuanto a la laicidad política, parece sorpresivo que
en todas las afiliaciones sea mayoritaria la opinión de eliminar el vínculo
entre la religión y la política, con un 45.5% de apoyo, seguido de que la
religión participe en el debate político como parte de la sociedad civil, con
un 23.5% que lo avala. (Fuentes, 2016, pág. 72)
La tendencia hacia el deseo de eliminar el vínculo entre
política y religión, puede surgir del reconocimiento de creyentes y de no
creyentes, de la instrumentalización de la religión en el campo político, más
recientemente visible en el caso de los partidos evangélicos, así como de la
necesidad de diferenciación de las esferas institucionales, y también de un
análisis atento de los programas políticos, tal como lo expresan los
entrevistados en los grupos focales, subrayando la desautorización, al menos
discursiva, de la tradicional alianza entre las élites políticas y la jerarquía
eclesiástica. (Fuentes, 2016, pág. 72)
Según los resultados de esta investigación, el voto
creyente en la actualidad se relaciona específicamente con el locus moral de la
sexualidad y la reproducción en el programa político del candidato a
representante público, lo cual parece haber tenido repercusiones en la elección
de más representantes legislativos de confesión cristiana. (Fuentes, 2016, pág. 73)
La defensa de la moral cristiana se revela como el
principal factor que moviliza el voto creyente en una situación de “crisis de
sentido latente” (Berger y Luckman, 1997), lo cual se refleja en el análisis de
discursos y acciones políticas realizado por los creyentes, a la luz de su
coherencia literal con los textos sagrados, pero principalmente en concordancia
con los preceptos morales indicados por las autoridades religiosas. (Fuentes, 2016, pág. 73)
Esta investigación revela que cuando la política sin
adjetivos se busca relacionar con la religión, se convierte en una dupla
indeseada, al menos discursivamente, para la mayoría de la población, pero
cuando se liga a una agenda específica, por ejemplo, relacionada con aborto y
uniones entre personas del mismo sexo, los principios morales pregonados por
los líderes religiosos se activan, entre los creyentes. (Fuentes, 2016, pág. 73)
Haciendo referencia a la relación Estado-iglesias, que
involucra la laicidad jurídica, por ahora inexistente en cuanto Costa Rica continúa
siendo un Estado confesional, la mayoría entrevistada se decanta por que el
Estado apoye proyectos sociales de las iglesias, con la excepción de otra fe
cristiana y de ninguna afiliación, que apoyan mayoritariamente la relación
separada e independiente entre el Estado y las iglesias, muy cercana
porcentualmente a la opinión de que el Estado apoye económicamente a todas las
iglesias. (Fuentes, 2016, pág. 73-74)
Las respuestas mayoritarias indican una demanda creciente
por la necesidad de regulación de la relación del Estado con todas las iglesias,
y no solamente con la católica, lo cual alienta la posibilidad de instaurar un
Estado laico. (Fuentes, 2016, pág.74)
El establecimiento de un Estado laico en Costa Rica, con
las características descritas, aparentemente podría converger en un acuerdo,
que también comprendiera una subvención financiera específica, no solamente
para los proyectos sociales de las iglesias, sino también como se refleja en
los grupos focales. (Fuentes, 2016, pág.75)
Como indica Coté (2003), el Estado puede determinar el campo
de acción de la religión de dos formas: por privatización o por la
transformación de los mecanismos de divulgación de la religión, es decir,
dejando que las diferentes opciones religiosas compitan en un mercado religioso
donde el Estado no sea garante de ninguna en particular. No obstante, el
mantenimiento de la confesionalidad del Estado costarricense, incluso a
contrapelo de la voluntad de la ciudadanía, impide cualquier medida en este
sentido. (Fuentes, 2016, pág.75)
La pluralización afecta a todas las religiones, pero es la Iglesia católica y las iglesias evangélicas, las que debido a su historia y capital simbólico, tienden a situarse como autoridades públicas, lo cual deja en evidencia no solo la importancia de promover modelos comunitarios de organización laica, donde las iniciativas de desarrollo social se deslinden del proselitismo religioso, sino también la obligación del Estado costarricense de aplicar una regulación clara en el espacio religioso. (Fuentes, 2016, pág.75-76)
Para una mayor
comprensión de los cambios en las creencias religiosas en Costa Rica y confirma
lo expuesto anteriormente se sugiere el análisis del video de la Universidad Nacional
que se indica a continuación:


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