REBELIONES Y SUBLEVACIONES DE LOS INDÍGENAS CONTRA LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA EN LAS ÁREAS PERIFÉRICAS DE COSTA RICA
Rebeliones y sublevaciones de los indígenas contra
la dominación española en las áreas periféricas de Costa Rica
Se
entiende por áreas periféricas a aquellos territorios de la gobernación de
Costa Rica que no pudieron ser sometidos al control de los españoles, lugar en
donde los indígenas buscaron refugio y resistieron la colonización española. Se
trata de dos regiones, una al norte y la otra al sur del país. En el norte en
el llamado llanuras de Guatuso donde habitaban los “indios Votos” y en el sur
la región conocida genéricamente como Talamanca, donde los españoles trataron
de manera incesante, aunque sin éxito de establecer y dominar las poblaciones
indígenas. (Sólorzano, 1996, p. 126)
Las
poblaciones que lograron no ser sometidos a los españoles, no se escaparon de
una aculturación, sin embargo, lo fundamental, es que lograron mantener la
independencia de sus estructuras políticas a pesar de las constantes presiones.
(p. 126)
Ante
los fracasos de Colón y de Nicuesa, transcurrieron veinte años antes de que los
españoles trataran de fundar nuevos núcleos de colonización en las costas del
Caribe de Costa Rica. Las ciudades de León y Granada de Nicaragua, se
convirtieron en punto de partida de las campañas de exploración y conquista de
nuevos territorios. Fue en el año 1529 cuando el gobernador de Nicaragua,
Pedrarias Dávila, encomienda a Martin de Estete la exploración del río San
Juan. La expedición de Estete fue propiamente una campaña de saqueo, cuyo
objetivo era obtener oro y capturar indígenas para convertirlos en esclavos.
Las acciones depredadoras de los españoles provocarían la resistencia de los
indígenas, por lo que la columna española se vio obligada a retirarse de estos
territorios. (Solórzano, 1996, p. 128)
Cinco
años más tarde, el rey nombró a Felipe Gutiérrez gobernador de Veragua, cuyos
límites se fijaron nuevamente entre el Cabo Gracias a Dios y la gobernación de
Panamá o Castilla de Oro. Esta fue una empresa de conquista y colonización de
gran envergadura, pues Gutiérrez dispuso una gran cantidad de hombres y
recursos, aproximadamente cuatrocientos soldados se embarcaron en España rumbo
a las costas del Caribe de Costa Rica, pero la encarnizada resistencia de los
indígenas dio al traste con las intenciones de los hispanos. (Solórzano, 1996,
p. 129)
Después
de la derrota de los españoles en estos territorios, Diego Gutiérrez hermano de
Felipe, obtuvo de la Corona los derechos de conquista y colonización del
territorio. Logra Gutiérrez establecer un campamento al que denomina Villa
Santiago y se aventura a continuar adentrándose a encontrar una población
indígena de considerable extensión, en este punto logra capturar a dos Caciques
llamados Camaquiri y Cocorí. Camaquiri logra huir, organizando poco después la
resistencia indígena contra los invasores. Aunque los indígenas no disponían
sino de palos, piedras o lanzas de palmas atacaron por sorpresa, muriendo Diego
y otros treinta soldados en el enfrentamiento. Con esta derrota los indígenas
lograron detener los avances de los conquistadores durante casi dos décadas.
(Solórzano, 1996, p. 130)
El revés de los españoles durante estos años fue el resultado de la combinación de tres factores:
- Las características ecológicas del territorio, de alta pluviosidad.
- El escaso apoyo logístico de los expedicionarios al no contar con un cercano núcleo de donde recibir provisiones o refuerzos.
- La resistencia tenaz de los indígenas, quienes lograron forjar alianzas, superando sus dimensiones internas, enfrentando de manera eficaz a los invasores. (Solórzano, 1996, p. 130)
La
siguiente campaña de conquista hacia el interior de Costa Rica la dirigió Juan
Vásquez de Coronado, quien a finales de 1562 ingresó al país por la vertiente
del pacífico. Tan pronto logró afianzarse en el Valle Central, Vázquez de
Coronado trataría de avanzar hacia el Caribe. No obstante, por instigación del Cacique
de Aserrí, quien le había ofrecido su lealtad, este conquistador cambia de
opinión y organiza una expedición hacia el territorio de Quepos y los Cotos en
la región del Pacífico sur.
En
la región del Valle Central los soldados de Vásquez de Coronado fundaron la Ciudad
de Cartago en el territorio denominado cacicazgo del Guarco. Afianzado en esta
ciudad, Vásquez de Coronado enviaría hacia la región del Pacífico, una columna
de sesenta soldados fuertemente armados, partiendo rumbo a Nicaragua en busca
de refuerzos. Su objetivo era localizarse en un sitio en la costa y establecer un
campamento, que serviría de base de operaciones para la conquista sur del país.
Iniciado el siglo diecisiete y afianzándose
de manera estable los colonos españoles en la región del Valle Central en el
interior del país y en la región del Pacífico Central, otro gobernador
intentaría implantar un núcleo de colonización en la región del Caribe Sur. Así
fue como en el año de 1605, el gobernador, don Juan de Ocón y Trillo a dos
capitanes la conquista y pacificación de los indígenas de Tierra Adentro,
nombre que empezaba a emplearse para designar la región del Caribe sur. Las
intenciones de los españoles eran dobles. Luego de realizar
diversas correrías en la región y de lograrse la captura de algunos caciques,
los españoles tomaron la decisión de fundar allí una ciudad, en la margen
derecha del río Tarire o Sixaola la que llamaron Santiago de Talamanca, en un
sitio que los indígenas denominaban Suretka. (Solórzano, 1996, p. 133)
Los
vecinos de Santiago de Talamanca, obligaron a los indígenas que habían logrado
someter, a construir una fortificación que llamaron San Idelfonso donde
buscarían protección en caso de ataque. Mientras tanto, muchos de los indígenas
que los españoles les habían dominado empezaron a huir, abrumados por el
trabajo excesivo. Los españoles les respondieron enviando columnas de soldados
hacia las zonas donde se habían refugiado, con el fin de reprimir y capturar
los que cayeran en sus manos, organizando la ciudad de los indígenas
según sus interpretaciones del tiempo. Eugenia Ibarra, señala que la dominación
española, significó la violenta imposición de un calendario administrativo,
religioso y ceremonial así como una interrupción de los procesos de trabajo
autóctono (Solórzano, 1996, p.
134)
En
las sociedades tradicionales los chamanes establecen el enlace entre el pueblo
y los espíritus sobrenaturales a los que se les atribuyen poderes en la
dirección y gobierno de los asuntos humanos. Gracias a diversos medios como el
aislamiento y el ayuno, los chamanes intencionalmente entran en estados de
“trance”, “éxtasis” y obtienen “visiones” por medio de los cuales “conversan”
con estas fuerzas sobrenaturales que representan “las fuerzas de
transformación” En la madrugada del 29 de julio de 1610, una fuerza de
guerreros indígenas sorprendió a los
españoles que formaban
parte de una
columna de soldados.
Entretanto, otro grupo de indígenas atacó a los españoles que habían
permanecido en la ciudad de Santiago de Talamanca (Solórzano, 1996, p. 135)
La
ofensiva de los indígenas obligó
a los españoles
a retroceder, por
lo que la frontera que separaba las áreas
“pacificadas” de las que se encontraban bajo soberanía indígena se trasladó del
anterior poblado de Tariaca al de San Mateo de Chirripó (Solórzano, 1996,
p. 136)
Pero
en el año de 1660 ,las incursiones en la región del Caribe de ingleses y de
franceses, desde la década de 1660 a quienes se unirían poco después los
misquitos de la costa Atlántica de Nicaragua, tendrían como objetivo la captura
de indígenas para convertirlos en esclavos y llevarlos hacia las plantaciones
de azúcar que los ingleses comenzaban a desarrollar en la isla de Jamaica
(Solórzano, 1996, p. 139) La amenaza de
estas incursiones en
la costa llevó
a los indígenas
del Caribe a una situación extrema, por lo que
estuvieron dispuestos a ponerse bajo la soberanía española, pues como diría
años más tarde un fraile:
“estimaban por menos cruel el
doblegarse a su doctrina que el continuar expuestos a las piraterías y
depredaciones de mosquitos e inglés”
La
sumisión de los indígenas a los
españoles no se
mantendría mucho tiempo, pues instigados por sus líderes
religiosos, numerosos guerreros indígenas atacaron a los escasos españoles
que se encontraban
en la región (Solórzano, 1996, p. 139)
Como
consecuencia de la presión constante de los españoles, tanto de soldados como de
misioneros, los indígenas
de Talamanca terminarían
por organizar una
nueva rebelión generalizada. Esta se lleva a cabo ya iniciado el siglo
dieciocho, la cual pondría fin, al avance
misional iniciado en
el último tercio
del siglo diecisiete (Solórzano, 1996, p. 140)
Para
los indígenas, a pesar de la fuerte represión y captura de varios centenares de
los integrantes de sus comunidades, la rebelión fue un éxito, pues en adelante
los españoles no pudieron emplear más a los indígenas en las plantaciones de cacao
en el valle de Matina y lograron mantener a Talamanca como zona donde
prevalecería la soberanía de los autóctonos hasta finales del período Colonial.
(Solórzano, 1996, pp. 142-143)
Las
rebeliones se llevan a cabo sublevadas con los frailes y los ornamentos de la
liturgia cristiana. En 1618 pereció fray Rodrigo Pérez y en 1709 los frailes
Pablo de Rebullida y Antonio de Zamora.
En la rebelión
de 1618 los
indígenas se apoderaron
de los ornamentos religiosos y
exhumaron a los autóctonos que con anterioridad habían sido enterrados según
los ritos cristianos.
En la rebelión de 1709 también fueron destruidos los ornamentos
religiosos cristianos e incendiados las capillas levantadas por los frailes en
Talamanca. (Solórzano, 1996, pp. 144 – 145)



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