LA PRIMERA CASA CONSTRUIDA EN EL MUNDO


LA PRIMERA CASA CONSTRUIDA EN EL MUNDO

 

Esta historia está contenida en uno de los libros vivientes del pueblo Ngábe; dicha historia es expresión de la memoria de un pueblo que desea dejar escrita con letra indeleble su esencia, su identidad. El pueblo Ngábe es oportuno indicarlo, es uno de los muchos pueblos que puso resistencia a la conquista española.

“En los primeros tiempos, cuando nos dejaron a los seres humanos en este mundo, los ríos, los árboles y la tierra hablaban, nosotros escuchábamos la voz de Ngóbó (Dios) en el cielo y el canto del gallo del cielo se escuchaba en la tierra. Los pies de los seres humanos hablaban, todos los seres que estaban en la tierra sentían igual que los seres humanos”. 

La primera casa construida en el mundo, podría considerarse un relato de la creación; el texto está colmado de simbolismo y elementos que son propios de la cosmovisión indígena costarricense, como lo es en primera instancia, la relación esencial entre la naturaleza y la creación del ser humano. Este elemento es fundamental ya que ellos siempre han concebido la creación del ser humano entorno a la germinación de las semillas de maíz, elemento que ha sido considerado con un contenido enorme de valor espiritual.

Se considera, además, que han sido ciertos animales, como se menciona en el relato, los que han permitido que ocurra la creación del ser humano; animales como aves y felinos son protagonistas de estos relatos.

Por su parte, el simbolismo de la casa es otro elemento que se relaciona con la naturaleza y su interacción con lo exterior y lo interior del mundo, no es sólo la casa en sí, sino todo el entorno natural y sobrenatural.

Se refiere a la plena integración que existía en el cosmos, en donde la naturaleza y el ser humanos coexistía de manera plena, se mantenía el equilibrio. El relato expresa como los seres humanos y la naturaleza entera, está dotada de sensibilidad y encanto. Admira lo cotidiano y a través de lo pequeño se acerca a lo infinito, descubre en la pequeñez la grandeza y en lo trivial el encanto. El pueblo Ngábe exhorta a conectar con la naturaleza para dejar de ser egoístas y autorreferenciales; cuidar los árboles, los ríos, el ser humano y todo cuanto lo rodea. Escuchar el canto de la lluvia y el susurro de un río, el sonar de las hojas o el suspirar de una golondrina, remite a lo esencial, a lo auténtico y lo duradero; sitúa en el presente y en la vivencia plena del hoy y del ahora con límites y fragilidades, señala como riqueza la individualidad y diversidad en la variedad de colores del maíz. Dañar el entorno o lo ajeno, significa dañarse a sí mismo, supone perder la posibilidad de la felicidad plena, expresada en las cosas más pequeñas.

La comprensión del simbolismo de este relato puede enriquecerse con el contenido del libro de la cosmovisión de los pueblos indígenas de Talamanca. 

https://editorial.uned.ac.cr/book/U01322

El acercamiento a este relato permite intuir algunos rasgos característicos de las comunidades indígenas víctimas de la colonización y lo que pudo suponer el encuentro de dos culturas tan iguales desde la perspectiva antropológica y tan desiguales en su identidad, cosmovisión y cultura.

Es interesante reflexionar en el acendrado amor a la naturaleza propio de las comunidades indígenas que habitaron no solo el Istmo centroamericano, sino a América en general, su intercambio respetuoso con todo lo creado, en contraste con la actitud depredadora de los europeos que saquearon sin reparo la naturaleza en busca de lo que podía ofrecer oro y riqueza. 


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