EVANGELIZACIÓN FRANCISCANA Y RESISTENCIA INDÍGENA: DOS REBELIONES EN LA FRONTERA ENTRE COSTA RICA Y PANAMÁ
EVANGELIZACIÓN FRANCISCANA Y RESISTENCIA INDÍGENA: DOS
REBELIONES EN LA FRONTERA ENTRE COSTA RICA Y PANAMÁ.
(Cabagra, Térraba, 1761 y Bugaba, Alanje, 1787)
La primera rebelión se lleva a cabo a mitad del siglo XVIII,
en los indígenas denominados “terbis del norte”, que habían sido concentrados
por frailes franciscanos en el pueblo de reducción misional de Cabagra en el
año 1744. La segunda trata de la rebelión y huida de los indígenas que los
frailes franciscanos llaman de la “Nación Chánguena”.
En Centroamérica desde principios del siglo dieciocho, habían
sido los frailes de la orden de los franciscanos recoletos quienes habían
lanzado la ofensiva misional predominante, estos fundaron su sede en la ciudad
de Guatemala, a la que dieron el nombre de Colegio de Propaganda Fide de Cristo
Crucificado, pero la ofensiva misional fue detenida por la enérgica resistencia
de los indígenas. En el caso de Costa Rica, tuvo gran trascendencia la rebelión
liderada por los caciques, Presbere y Comensala, quienes en 1709 dirigieron una
exitosa rebelión que agrupó a diversas etnias en Talamanca. Atacaron catorce
pueblos de reducción misional implantados por los franciscanos entre las
poblaciones indígenas de la región de Talamanca, en el Caribe sur del país. (Solórzano,
2002, p. 61)
La ofensiva misional en el pacífico sur
En Costa Rica, la ofensiva misional apoyada por la Real
Audiencia de Guatemala tuvo éxito en la región del Pacífico sur. Allí, desde
fines del siglo diecisiete, la presencia hispánica había quedado restringido a
dos pueblos de misión establecidos por los franciscanos observantes. El
objetivo asignado por los españoles a ambos pueblos, era el de suministrar
auxilio a las recuas de mulas, este camino llamado “de mulas” fue de vital
interés para la Corona que tuvo que apoyar los esfuerzos misioneros en la
región del Pacífico Sur de Costa Rica, pues las mulas se empleaban en el
traslado del tesoro real. (Solórzano, 2002, p. 62)
Las poblaciones indígenas que aceptaban ser concentradas en
los nuevos pueblos que los frailes fundaban, tenían que realizar una rápida
adaptación de sus propias concepciones religiosas a las que, al menos
formalmente, imponían los religiosos. De esta forma, los santos del calendario
católico venían ahora a sustituir a los anteriores personajes míticos tribales,
los cuales pasaban a ser identificados como los santos y venerados, y los
patrones de las distintas etnias o grupos tribales concentrados en los pueblos
de misión. Los indígenas también adoptaban los rituales de los frailes,. El
bautizo cristiano por ejemplo fue copiado por los indígenas rebeldes, y los
líderes religiosos indígenas con frecuencia vestían con prendas sacerdotales
que habían obtenido en sus ataques a los pueblos de misión. En tal sentido es
evidente que los indígenas adoptaban tanto los ritos como los objetos
cristianos en tanto les atribuía poderes. Apoderarse de esto significaba
apropiarse para sus fines, de los símbolos del poder ideológico de los enemigos
españoles. (p.64)
Ataque, incendio y huida de los indígenas de Cabarga
Un número de indígenas del pueblo de Cabarga se encontraban
en el interior de la iglesia, en celebración de la Semana Santa, cuando los
indígenas sublevados atacaron con lanzas y flechas, matando a cuatro de los
habitantes del pueblo. También lograron prender fuego al convento de los
frailes y a la propia iglesia.
En su rebelión contra los españoles, los indígenas recurrían
a tácticas de guerrilla, pues eran incapaces de enfrentarse a las columnas de
soldados armados de fusiles y sables. Disponían de una red de espionaje,
lograda por medio de la complicidad de indígenas que vivían dentro de los
pueblos ya reducidos al dominio español. (p. 66) Como consecuencia de esta
rebelión lograron huir los indígenas a otros territorios del país.
La inestabilidad en la región de la frontera sur de Costa
Rica se mantuvo hasta los años finales de la dominación hispánica. En 1815,
fray Apolinar Moreno se internó en la montaña, a partir de Térraba con el fin
de sacar a dos indígenas cristianos que habían escapado hacia los territorios
de los indígenas insumisos y además atraerse otros indígenas infieles. De esta manera los frailes franciscanos no
habían logrado ningún avance sustancial desde que ocurrió la rebelión y huida
de los indígenas del pueblo de Cabarga en 1761.
El Pacífico Sur, no atrajo a colonos neohispanos y mestizos asentados en
el interior del país.
Los franciscanos recoletos en Panamá
Hasta el año 1765, los frailes recoletos del colegio Cristo
Crucificado de Guatemala, tenían las poblaciones indígenas de Talamanca como
límite meridional de sus misiones, ya que los indígenas se encontraban en Chiriquí,
estaban bajo las misiones de la Orden de
la Compañía de Jesús, dependientes en lo civil de la Audiencia de Panamá. Sin embargo, en 1765 obtuvieron la aprobación
del Virrey de la Nueva Granada para fundar misiones en Panamá.
En 1770 reciben la asignación de la Corona o envío de dinero
del Virrey de la nueva Granada. Con este dinero se financiaría la catequización
y sujeción de las tribus infieles de las cuatro tribus de los chánguenes,
doraces, dolegas y guaymíes, los cuales viven bajo la jurisdicción de las
misiones de Talamanca.
La ofensiva misional de los recoletos
Los frailes tuvieron que formar nuevos pueblos de indios, lo
que lograron gracias al apoyo financiero que el gobernador Santiago de Veragua
consiguió luego de interceder ante el Virrey de la Nueva Granada y éste ante el
rey. Al final de la década de 1770 los frailes habían congregado un
considerable número de indígenas en un sitio conocido como el “potrero de
Bugaba” al que dieron el nombre a la misión, como nuestra Señora de Guadalupe
de Bugaba. Contaban con 200 indígenas,
los cuales indican que recién se sacaron de las montañas.
El objetivo de fundarse estos pueblos era el que sirviera como
trenes muleros que se desplazaban de Centroamérica hacia Panamá, sino también
integrarlos a espacios económicos que se desarrollaba en dichos años. Los frailes
habían establecido un amplio rancho con telares en el que pusieron a los
indígenas a trabajar bajo la dirección del misionero.
En general los franciscanos recoletos mantenían un sistema de
castigo contra los indígenas, el cual incluía penas corporales, tales como el
uso de azotes contra los indígenas afincados en los pueblos de misión, a
quienes los frailes calificaban de “indios sediciosos y tumultuarios” (p.
71,73)
La resistencia indígena
Los indígenas no solo se rebelaron contra los curas, sino que
también atacaron otros pueblos en reducción y a algunos pueblos donde se habían
establecido los españoles. El pueblo
indígena se había forzado a rebelarse como consecuencia de las presiones
sufridas a manos de los frailes y de los habitantes mestizos, mulatos y
españoles que habitaban en los parajes aledaños a su pueblo y en los linderos
de la jurisdicción de Santiago de Alanje.
(p. 73)
La sublevación de los indígenas aparentemente fue la acción
combinada de indígenas habitantes de las serranías de la cordillera, con los
que había sido congregados por los frailes en el pueblo de nuestra Señora de
Guadalupe. Los indígenas rebeldes se dice que dieron muerte a otros indígenas
que servían a los frailes y profanaron y posiblemente robaron, ornamentos
religiosos, esto como signo de poder contra los frailes y españoles.
La organización de la represalia españolas
Las rebeliones indígenas quebraban el esquema de dominio
hispánico, sin embargo, el poder colonial estaba bien organizado gracias al
sistema de las milicias formados por mulatos libres y que llegaron a ser
predominantes en este dominio contra los indígenas.
Los españoles con la ayuda de ellos guías o baqueanos
indígenas de otros pueblos, lograron determinar el paraje del bosque en donde
se habían concentrado los huidos. El gobernador dio órdenes para que de
inmediato una tropa les tendiera una emboscada para capturarlos y se le
restituyesen al trabajo en que antes estaban empleados. (p.76)
De allí que los órganos de poder local financiados por la corona y por particulares, pudieron organizar el envío de columnas de soldados cada vez que los indígenas intentaban rebelarse. Pero en último término, los pueblos de misión constituyeron un factor de gran desestabilización para los indígenas y tales centros de población terminaron por tener mayor número de habitantes ladinos y los sobrevivientes indígenas. (p.83)
La resistencia indígena es Costa Rica, permitió que la aniquilación de las culturas nativas nos fuera total sino que quedara una pequeña reserva indígena que en su totalidad apenas alcanza el 1% del total de la población.
A continuación, al hacer clic en la imagen, se pueden conocer los grupos indígenas que aún estás presentes en Costa Rica, una presencia que en ocasiones ha sido invisibilizada e ignorada.




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