ORÍGENES DE LA REFORMA SOCIAL EN COSTA RICA: IGLESIA CATÓLICA Y COMUNISTAS EN LA DÉCADA DE 1940
Resulta históricamente valioso
analizar por qué el arzobispo Víctor Manuel Sanabria apoyó la alianza electoral
entre el Republicano Nacional y el Partido Comunista en 1943 en Costa Rica. Así,
como indagar el impacto que ese respaldo tuvo dentro de la Iglesia católica
costarricense, en particular, la polarización que provocó entre los
eclesiásticos.
Siguiendo a Molina se puede
afirmar que “la reforma social efectuada en Costa Rica en la década de 1940
sentó la base para que en ese país se consolidara, en la segunda mitad del
siglo XX, un Estado de bienestar, cuyos indicadores sobre salud, educación y
reducción de la pobreza lo colocaron a la cabeza de América Latina, junto con
Argentina, Uruguay, Chile y Cuba (Mesa Lago 2002). La canalización
institucional de las demandas populares mediante elecciones periódicas y
competitivas, presente desde el decenio de 1900, se intensificó después de
1930, en el contexto de la crisis económica internacional de esa época, y
culminó diez años después”. (2008) interesante es vincular el papel de la
iglesia en la consecución de tales fines.
Relacionado con el ambiente
social que se generó, es oportuno indicar que “el Partido Comunista de Costa
Rica, fundado en junio de 1931, logró permanecer legal y pudo competir en los
comicios del período 1932-1942, con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos
(BOC). La inserción en el juego político-electoral fue una excepción en
Centroamérica, donde organizaciones similares fueron ilegalizadas” (Taracena
1989, Alvarenga 1996:323-347) (Molina 2008). Suficiente, sería recordar como la
gran mayoría de grupos de tendencia izquierdista tardaron muchos años para
legalizar su participación en los comicios. Parafraseando a Molina, el acertado
desempeño del BOC en los comicios, fundamentado en la denuncia de los problemas
sociales agudizados por la crisis económica, le permitió ganar puestos en el
Congreso y en algunas de las principales municipalidades del país, ya a finales
de la década de 1930, era el principal competidor, en las ciudades, del
Republicano Nacional. Por su parte el Republicano nacional que había sido
fundado en 1931, ganó la elección presidencial de 1940 con el 82,5% de los
votos; ese año, el partido estaba compuesto por dos tendencias claramente
distintas: los cortesistas, partidarios del presidente saliente León Cortés
Castro (1936-1940), y los calderonistas, seguidores del mandatario entrante,
Rafael Ángel Calderón Guardia (1940-1944). Ambos grupos “coincidían en que eran
profundamente anticomunistas, pero diferían en que, mientras los primeros eran
liberales identificados con los valores seculares, los segundos constituían el
ala católica del partido y eran más proclives a explotar electoralmente la
cuestión social”. (Molina 2008)
La completa división del
Republicano Nacional se dio en el momento en “el que los calderonistas, con el
decidido apoyo de la jerarquía eclesiástica de Costa Rica (y en particular, del
arzobispo Víctor Manuel Sanabria), impulsaban un vasto programa de reforma
social, que incluía la creación de la Caja Costarricense del Seguro Social, la
aprobación de un Código de Trabajo y la introducción de un capítulo de Garantías
Sociales en la Constitución” (Molina 2008).
La crisis política que estalló en
1941 se agudizó porque “los calderonistas, con tal de asegurarse el apoyo de la
jerarquía eclesiástica para su programa de reforma social, empezaron a derogar
algunas de las leyes anticlericales aprobadas por los liberales a finales del
siglo XIX (restricciones a la educación religiosa y al establecimiento de
órdenes monásticas en el país) (Molina 2008).
Debido al conflicto que se generó
entre cortesismo y calderonismo los comunistas se acercaron a los calderonistas
“la aproximación del BOC, explica porque la reforma social impulsada por el
gobierno de Calderón Guardia amenazaba con desgastar rápidamente la vigencia
del programa mínimo del BOC, que enfatizaba en objetivos como la creación de
seguros sociales. El calderonismo, respondió positivamente a este acercamiento,
y ante la incertidumbre por la separación de los cortesistas, valoró el respaldo
que le podía brindar un partido pequeño, pero organizado y disciplinado como el
BOC (Molina 2008).
El paso previo para lograr un
acuerdo entre comunistas y calderonistas fue la disolución del BOC el 13 de
junio de 1943, tras lo cual se fundó Vanguardia Popular, una agrupación que se
declaró no comunista. El líder del nuevo partido, Manuel Mora, le consultó de
inmediato al Obispo Sanabria si era posible que los católicos militasen en sus
filas, a lo que el arzobispo, el día 14 de junio, contestó que podían hacerlo.
El polémico proceder de Sanabria
en junio de 1943, al autorizar a los católicos a militar en Vanguardia Popular,
se patentizó de nuevo el 15 de septiembre de ese año, cuando participó en una
manifestación de apoyo al Código de Trabajo al lado de Rafael Ángel Calderón
Guardia, Manuel Mora y del futuro candidato presidencial de calderonistas y
comunistas, Teodoro Picado. Apenas una semana después de este evento, el día
22, el Republicano Nacional y Vanguardia Popular consolidaron su pacto al constituir
el Bloque de la Victoria, el cual fue dado a conocer por la prensa al día
siguiente. El profundo disgusto por el proceder de Sanabria fue destacado por
el embajador estadounidense, quien de algún modo lo tachaba de comunista.
“La estrategia del arzobispo
Sanabria consistió en enfrentar las críticas con la afirmación de que
únicamente el Vaticano –y no la feligresía o el clero– podía juzgar su
decisión: con tal fin, sometió su actuación a la Santa Sede, la cual la aprobó
sin reservas”. (Molina 2008).
Es importante indicar que el
esfuerzo de Sanabria por afirmar que “el partido que surgió de las cenizas del
BOC no era comunista tenía el propósito básico de justificar su proceder y
limitar la disensión entre el clero. El apoyo que entre 1940 y 1942 le dio el
prelado al programa social del gobierno, quizá provocó dudas entre los
sacerdotes más conservadores; pero su eventual oposición podía ser enfrentada
con el razonamiento de que tal respaldo, al tiempo que permitía combatir más
eficazmente al BOC en las urnas, suponía un importante logro religioso: la
derogación de las leyes liberales. La distancia entre esto y autorizar a los
católicos para militar en Vanguardia y desfilar junto a Mora era, sin embargo,
excesiva. El anticomunismo cultivado durante la década de 1930 no podía ser
borrado tan fácilmente”. (Molina 2008)
Cabe indicar que la decisión del
jefe de la Iglesia de someter su actuación en 1943 al juicio del Vaticano, fue
insuficiente para frenar el evidente descontento y polarización dentro de la
clerecía. Siguiendo a Molina se puede afirmar que “la división entre la
clerecía se profundizó a partir de 1944, según se desprende de varios reportes
de la embajada de Estados Unidos en San José: un informe del 8 de agosto
detalló que unos 35 capitalistas acababan de fundar una organización secreta
anticomunista”. El principal oponente del arzobispo Sanabria no fue el Obispo
Solís sino “el presbítero Benjamín Núñez, encargado de organizar sindicatos
bajo la tutela eclesiástica, poco a poco alineó tal proyecto con la oposición
al gobierno, en tanto que él mismo se integraba con el sector opositor de línea
dura liderado por Figueres Ferrer”.
Queda claro que, pese a las
circunstancias e innumerables dificultades, la Iglesia Católica de aquel
entonces jugo un papel preponderante en las reformas sociales de 1940,
reconocido o no, esto sin duda influyó en la actual Costa Rica y su indudable
avance en cuanto a bienestar y garantías sociales se refiere.
Los invito a contextualizar los
hechos acaecidos en 1940, a través de una línea del tiempo y diversos y
valiosos elementos históricos, presentes en este video:
Resulta igualmente interesante conocer algo más acerca de las garantías sociales en Costa Rica.
Garantías Sociales Parte 1



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